Naciste en mi jardín, el día en que la lluvia mecía tu cuna,
mi jardín tiene rosas a mil, algunas son doradas,
otras tienen los colores del arcoiris, y me miran pidiendo deseo,
de ese que esculpe el corazón del jardinero.
A veces me hablan y me preguntan,
que por qué no las riego,
si soy el origen de su deseo.
Yo las miro con suspiro lastimero,
para que se entere el mundo entero,
que a la que más quiero, ni verla ni olerla puedo,
que tengo la espina del cielo clavada en mi pecho.
De entre tantas y tan bellas, pudiendo elegir,
a mi flor huidiza regaba con esmero,
sabes, es cierto lo que me dijo aquel príncipe,
con tus espinas y tus lágrimas, pequeña,
me has dometicado.
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