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| Quisiera con un grito, romper tu silencio en el palacio de cristal, para que viento, sol y nubes te coman el alma a besos |
Se construyó un palacio de cristal y usando ese material, vivió en el reflejo de una ilusión que no podía ser. Unos cimientos tan bellos no podían aguantar el peso del mundo. Todo dentro era también de cristal, puertas y ventanas y hasta los muebles ¡y los libros! Ahora veía su bello reflejo aquí, luego allá, y así pasaban los días, contemplando su bello reflejo. Únicamente las plantas y algo más no eran de cristal; un corazón de hueso, que sus manos lo hacían engordar. Tan abstraída estaba la persona en su reflejo que se le olvidó acariciar en sus manos semejante don. Y hasta se enfadaba cúando éste le susurraba al oído los cantos de los pájaros. Y también las plantas comenzaron a marchitarse, porque mirando en todas direcciones, se olvidó de cuidarlas.
Pensando que volvería le impuso como castigo el silencio y el destierro. Pues el orgullo también se había apoderado de su persona. Todo lo que allí construía era fiel reflejo de lo falso, lo caduco, de la ilusión cambiante de la noche y el día.
Siempre quería querer, y hasta escribía en sus libros de cristal que quería demasiado. Con tanto querer no supo querer, ni siquiera a sí mism@, ni tampoco se atrevía a preguntar qué signifcaba querer, o acaso que querían los demás. No supo pues comprender. Y poco a poco, su palacio, de amor se fue vaciando...y de orgullo llenando.
Clandestina y translúcida, la luna quiso enviarle un guiño, y escondida en la joroba de un dromedario quiso desde allí brillar, pero el cristal ya se había ensuciado, así que se lo dijo a las nubes, y éstas empezarón a llorar.¡Cómo algo tan bello no sabía amar?
Mientras tanto,un corazón huesudo se había vuelto fuerte junto a el mar, en la negra isla observó como el río dulce buscaba la sal de mar para aprender a cicatrizar. Y fue allí que le pidió al tiempo consejo. Y éste le hizo un regalo; la inmortalidad del día de hoy.Y también susurrando con su amigo el viento añadió:
Un templo es solo reflejo del ego, y éste acabará cayendo...cuanto tarde ni si quiera depende de mí.
Y así, a su regreso, quisó desde el alba verla una vez más, bajo el lamento de las nubes se atrevió a gritar. Y pudo de nuevo volver a engordar, sabiendo que su palacio de cristal no podía durar, decidió a su lado esperar...