Polina es pequeña, traviesa y saltarina, tan suave por fuera que se diría que es toda de algodón, que no lleva huesos.
Polina tiene la mirada de un ratón.
Su caminar recuerda a una bailarina, y con su risa de cascabel, cuando la llamo, acude a mis dedos alegre y dulce como la miel.
Si la dejo suelta, me mira y se ríe, (esta es la mía, piensa),
tililan las flores a su paso, y hace del rozar del viento su hogar, hasta que ya no se la puede ver más.
Quizá pasen un día o dos, quien sabe si una estación, (si es que la vuelvo a ver).
Polina vive rodeada de algodones en un coco de cristal,
tan profundo es su sueño que temo que no vuelva a despertar,
entonces...la llamo, ¿Polina? Y se asoma adormilada al mundo,
y descubro en ella el mundo.