sábado, 15 de junio de 2013

Mensajes de sol y viento


Quisiera yo contarte un cuento...

A veces era fría, dura y orgullosa, otras en cambio, era amable, dulce y buena. Vivía entre un amasijo de cajones desordenados y pelos de gato, y quiso un día conquistar el sol.  Sintiendo el frío en sus pies desnudos se alzó tan alta como pudo. Y así creció y creció hasta jurar que no pararía hasta conseguirlo. 

Algunas de sus hermanas se burlaban de ella, y de su forma de ser. De las ideas disparatadas que con el paso de los años ella atesoraba.  No le importaba cuán lejos pudiera estar, porque muy en fondo sabía que acabaría lográndolo. Cada año caía para levantarse de nuevo, igual que cada día. Y así pasaba el tiempo, cayéndo y levantándose ininterrumpidamente con cada cambio de estación y un gran peso en su corazón. Sus compañeras, algunas de alma torcida y añeja, la ignoraban cuando pasaba y cuchicheaban con cuchillos a su espalda. Otras la compadecían y no la comprendían. Muy pocas la envidiaban. Sólo una la admiraba. Y entre tanto, ella se movía acurrucada y despacio pero decidida.

Hasta que quiso el cielo acariciar su pelo, y para ello mandó al mensajero del viento a cantarle al oído. Vestido de  un negro funesto y elegante, capa verde de metal y dos largos pelos enmarañados, fue a posarse en los más profundo de su ser. Y allí le dijo con su voz de niebla lo que ella nunca pudo creer. Fue así como descubrió que ya lo había conseguido, que por eso no había muerto.
Y es que las orquídeas son flores orgullosas que acaban por tener el sol a sus pies.



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