Me inclino taciturno como las hojas al viento,
y a éste le pregunto ¿ya habré muerto?
Si veo el fantasma de la sábana vacía,
y el espectro de tus besos inventados,
al viento yo le pregunto: ¿ya habré muerto?
Si sacio mi hambre de naúfrago,
con poemas y versos,
para rescatar lo que queda de un corazón acribillado,
por enjambres y espinas de huesos
yo al viento le pregunto: ¿ya habré muerto?
Cuando hasta el amanecer duele
y el silencioso viento mata callando,
yo a éste le pregunto;
si cuando acabe estos versos ya habré muerto.
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