Puede que hoy mi voz, suene temblorosa y oscura,
como los versos que te escribo.
Que mis palabras se confundan con las tuyas,
como la yedra que te envuelve y ansía llegar a tu boca azul.
Puede que el cambio climático de mi corazón,
se deba al recuerdo de tu olor,
aquel que calma, luego embriaga y te hace delirar.
¡Ah silenciosa amapola que te retuerces en mi pecho!
Dejaste al viento huérfano y errante,
y aún hoy, ausente, me crujes el alma.
Ahora quiero despertar de este juego sangriento,
poblar mi mirada de planetas y versos,
viajar contigo por el universo infinito.
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